A la luz de la caza de brujas contra el Anarquismo al que asistimos tras la brutal e injusta detención de jóvenes anarquistas en Vallecas y las que siguieron a partir de las manifestaciones en contra de la misma al amparo de la flamante #Leymordaza, es preciso hacer una reflexión sobre el significado del Anarquismo y sus principios filosóficos y políticos.  Terminada la cruzada contra la conspiración judeo-masónica en contubernio con el Comunismo internacional en España, agotada en parte la batalla contra el Islamismo y por la necesidad de seguir aterrorizando a la opinión pública… ahora le toca el turno al Anarquismo. Y es que hubo un tiempo en el que el pan y el circo eran la forma de mantener controlado al pueblo, pero parece ser que es más barato el miedo que el pan, y a él recurren nuestro gobierno, su policía y los mariachis mediáticos que ahora animan el circo multipista del pensamiento único. El periodismo y tuiteros serios de este país deberían informarse antes de entrar en esta guerra santa y el Anarquismo se merece en nuestros días un tratamiento más serio. Para empezar, tendríamos que hablar de Anarquismos pues son muchas sus variantes y al igual que en los Feminismos – es en la diversidad de tendencias dentro del pensamiento ácrata donde podremos entender mejor su capacidad transformadora y relevancia contemporánea.

El Anarquismo es libertario y utópico. Libertario porque eleva la Libertad a su categoría más alta y utópico si entendemos por utopía la aspiración a una sociedad mejor. 

Utopía, de εὐτοπία. Término que en griego se podría explicar como «buen lugar», de εὖ («bueno» ) y τόπος («lugar»)

El Anarquismo es también pragmático y plantea una clara opción política que se plasma a través de lo que se conoce como #Accióndirecta. Y aunque para muchos #Accióndirecta no pase de una manifestación violenta iluminada con consignas casi apocalípticas y algún cocktail Molotov, es importante entender que en el lenguaje Anarquista, la #Accióndirecta no es sólo una táctica disruptiva, sino acciones con capacidad de cambio real. La #Accióndirecta es siempre estratégica y aspira a la libertad de todas y todos; es acción que se plasma en hechos, disruptivos, que provocan cambios y transformación social real.

“Cada persona que alguna vez haya planeado hacer alguna cosa, y fue y la hizo, o que haya presentado un plan a los demás y ganado su cooperación para hacerla con ellos, sin tener que dirigirse a autoridades exteriores a pedirles que por favor la hicieran por ellos, ha sido practicante de la acción directa. Todos los experimentos cooperativos son esencialmente, acción directa.

Toda persona que alguna vez en su vida haya tenido que resolver una diferencia con otra persona, y se haya dirigido directamente a la otra u otras personas involucradas para resolverla, ya sea de manera pacífica u otra, era un practicante de la acción directa.”

-Voltairine de Cleyre

La mayoría de anarquistas somos fundamentalmente Humanistas y además de en la libertad creemos en la igualdad y la fraternidad. Pero sobre todo practicamos nuestro pensamiento mediante el respeto a las diferencias, a la otra y al otro, y sobre todo mediante el diálogo y rechazando la imposición de ideas. Nos adherimos como diría mi estimada Paloma en su artículo «El concepto Humanista del Otro» a la práctica de «Entender al Otro, incluso al que resueltamente es nuestro adversario…» Por lo tanto, podemos decir que existe un Anarquismo humanista, pacífico, con clara vocación política y la madurez suficiente para pensar y actuar estratégicamente y es así que afirmo #yotambiensoyanarquista. Hace unos meses publiqué en mi blog una entrada sobre Anarquismo que recomiendo, no tanto por lo que digo, sino por la referencia al excelente tratamiento del Anarquismo que Peter Marshall hace en su «Demanding the Impossible: A History of Anarchism», una de las obras más completas sobre los Anarquismos, su historia y su vigencia.

Si aún me sigues, propongo como entrante para posicionarnos el texto «Anarchism», publicado en la Enciclopedia Británica por Piotr Alekséyevich Kropotkin, en 1910.   Seguiremos con un café o tu respuesta bien en este blog o en @leonfdelcanto

  

ANARQUISMO (del griego an-ἀν (‘sin’) y arcos-ἀρχός (‘autoridad) contrario a la autoridad), es el nombre que se da a un principio o teoría de la vida y la conducta que concibe una sociedad sin gobierno, en que se obtiene la armonía, no por sometimiento a ley, ni obediencia a autoridad, sino por acuerdos libres establecidos entre los diversos grupos, territoriales y profesionales, libremente constituidos para la producción y el consumo, y para la satisfacción de la infinita variedad de necesidades y aspiraciones de un ser civilizado. En una sociedad desarrollada sobre estas directrices, las asociaciones voluntarias que han empezado ya a abarcar todos los campos de la actividad humana adquirirían una extensión aún mayor hasta el punto de substituir al Estado en todas sus funciones. Representarían una red entretejida, compuesta de una infinita variedad de grupos y de federaciones de todos los tamaños y grados, locales, regionales, nacionales e internacionales, temporales o más o menos permanentes, para todos los objetivos posibles: producción, consumo e intercambio, comunicaciones, servicios sanitarios, educación, protección mutua, defensa del territorio, etcétera; y, por otra parte, para la satisfacción de un número creciente de necesidades científicas, artísticas, literarias y de relación social. Además, tal sociedad no se pretendería inmutable. Por el contrario, como sucede en todo el conjunto de la vida orgánica, derivaríase la armonía de un ajuste y reajuste perpetuo y variable del equilibrio de la multitud de fuerzas e influencias, y este ajuste se obtendría. dicho brevemente, si ninguna fuerza gozase de la protección especial del Estado. Si la sociedad, según esto, se organizase conforme a estos principios, no se vería el hombre limitado, en el libre ejercicio de su capacidad de trabajo productivo, por un monopolio capitalista sostenido por el Estado; ni en el ejercicio de su voluntad por miedo al castigo, o por obediencia a entidades metafísicas o a individuos que llevan ambos a la disminución de la iniciativa y al servilismo intelectual. El hombre se guiaría por su propia razón, que llevaría necesariamente la huella de la acción y reacción libres de su propio yo y las concepciones éticas del medio. El hombre podría así alcanzar el desarrollo pleno de todas sus potencias, intelectuales, artísticas y morales, sin verse obligado a trabajar agotadoramente para los monopolistas, ni trabado por el servilismo y la inercia intelectual de la gran mayoría. Podría así alcanzar la plena individualización que no es posible ni bajo el sistema de individualismo actual, ni bajo ningún sistema de socialismo de Estado del llamado Volkstaat (Estado popular). Los autores anarquistas consideran, además, que su concepción no es una Utopía basada en un método apriorístico, después de haber postulado unos cuantos deseos que se toman por hechos reales. Se deriva, afirman, de un análisis de tendencias que están ya actuando, aunque el socialismo de Estado puede encontrar apoyo temporal entre los reformadores. El progreso de la técnica moderna, que simplifica maravillosamente la producción de todos los elementos necesarios para la vida; el creciente espíritu de independencia y la rápida expansión de la iniciativa libre y el libre entendimiento en todas las ramas de actividad (incluyendo las que se consideraban antes atributo de la Iglesia y el Estado) refuerzan firmemente la tendencia de no gobierno. En cuanto a sus concepciones económicas, los anarquistas, junto con todos los socialistas, de los que son el ala izquierda, sostienen que el sistema de propiedad privada de la tierra hoy imperante, nuestra producción capitalista en función del beneficio, representa un monopolio que va al mismo tiempo contra los principios de justicia y los imperativos de la utilidad. Es el motivo de que los frutos de la técnica moderna no se pongan al servicio de todos y produzcan el bienestar general. Los anarquistas consideran el sistema salarial y la producción capitalista un obstáculo para el progreso. Pero señalan también que el Estado fue, y sigue siendo, el principal instrumento para que unos pocos monopolicen la tierra, y los capitalistas se apropien de un volumen totalmente desproporcionado del excedente anual acumulado de producción. En consecuencia, al tiempo que combaten el actual monopolio de la tierra y el capitalismo, combaten los anarquistas con la misma energía al Estado como apoyo principal del sistema. No ésta o aquélla forma especial de Estado, sino el Estado mismo, sea monarquía o incluso República gobernada por medio del referéndum. Habiendo sido siempre la organización del Estado, tanto en la historia antigua como en la moderna (imperio macedónico, imperio romano, los modernos Estados europeos edificados sobre las ruinas de las ciudades libres), el instrumento para asentar monopolios de las minorías dominantes, no puede utilizársele para la destrucción de tales monopolios. Los anarquistas consideran, por tanto, que entregar al Estado todas las fuentes principales de vida económica (la tierra, las minas, los ferrocarriles, la banca, los seguros, etcétera), así como el control de todas las principales ramas de la industria, además de todas las funciones que acumula ya en sus manos (educación religiones apoyadas por el Estado, defensa del territorio, etcétera), significaría crear un nuevo instrumento de dominio. El capitalismo de Estado no haría más que incrementar los poderes de la burocracia y el capitalismo. El verdadero progreso está en la descentralización, tanto territorial como funcional, en el desarrollo del espíritu local y de la iniciativa personal, y en la federación libre de lo simple a lo complejo, en vez de la jerarquía actual que va de centro a periferia. Los anarquistas, con la mayoría de los socialistas, reconocen que, como toda evolución natural, la lenta evolución de la sociedad es seguida a veces de períodos de evolución acelerada a los que se llama revoluciones; y creen que la era de las revoluciones aún no ha concluido. A los períodos de rápidos cambios seguirán otros de lenta evolución, y han de aprovecharse estos períodos, no para aumentar y ensanchar los poderes del Estado sino para reducirlos, formando organizaciones en toda población o comuna de los grupos locales de productores y consumidores, así como federaciones regionales, y en su momento internacionales, de estos grupos. Los anarquistas se niegan, en virtud de los principios expuestos, a participar en la organización estatista actual y a apoyarla e infundirle sangre nueva. No pretenden constituir, e invitan a los trabajadores a no hacerlo, partidos políticos para los parlamentos. Por tanto, desde que se creó la Asociación Internacional de Trabajadores(1864-66), han procurado propagar sus ideas directamente en las organizaciones obreras, e inducirla a una lucha directa contra el capital, sin depositar fe alguna en la legislación parlamentaria…. Traducción completa  y entrada original en Inglés

Leon F. Del Canto

León Fernando del Canto (Zamora, 1967) es un pensador internacionalista que ejerce como barrister (abogado) en Londres.