«Me aleje de la comodidad de lo cierto

por mi amor a la verdad.

La verdad me recompensó.»

– Simone de Beauvoir (1972)

Recientemente en Patio de Filósofos encontré un breve recorrido histórico y geográfico sobre la Verdad. Se analizaba su etimología desde Grecia al Mundo Árabe y me pareció una forma muy curiosa de analizar la Verdad. Aunque el significado de la Verdad es algo enteramente personal, también tiene una dimensión social importante. En la medida en que existe un compromiso personal con la Verdad, ésta tiene que actualizarse en la vida cotidiana. La Verdad realmente no lo es a menos que pueda reflejarse en nuestras acciones. Esto exige de sus seguidores una gran responsabilidad y coherencia. Pero la Verdad es tímida por naturaleza y se asusta de la grandilocuencia, de la incoherencia y de las multitudes enfervorecidas. El sendero de la Verdad es un camino silencioso y requiere un gran amor y respeto por los demas, ademas de la humildad suficiente para reconocer que como el Sol, la Verdad alumbra a todos por igual. Me gusta pensar que el camino de la Verdad es como andar por el filo de una navaja y cito e interpreto de forma personal este verso de la Katha Upanishad, una Escritura del Siglo II antes de nuestra Era.

उत्तिष्ठत जाग्रत प्राप्य वरान्निबोधत । क्षुरस्य धारा निशिता दुरत्यया दुर्गं पथस्तत्कवयो वदन्ति ॥ कठ उपनिषद् ॥   Levántate, despierta y aprende del Sabio El camino de la Verdad es afilado y cortante como el filo de una navaja Es difícil de transitar y lleno de retos. Camina con gran respeto y cuidado – Katha Upanishad – 1.3.14

Gran cuidado hay que tener al citar la Verdad. Quizás sería importante descalzarse antes de hablar de ella, como si pisásemos suelo sagrado. Sin embargo el hombre actual viste a la Verdad de grandilocuencia y la convierte con frecuencia en dogma, con la pretensión de controlar a otros. La Verdad se convierte en algo solido, casi de hormigón armado. Un dogma fácil de seguir, de creer. Algo que ofrece unos pilares sólidos para aquellos que no tienen la inclinación ni la paciencia para encontrar su Verdad. No existe un solo fundamentalismo, ya sea religioso, politico, filosófico o incluso deportivo, que no mantenga a la Verdad como rehén. La pobre Verdad se convierte así en una víctima del dogmatismo. En el altar de la meta última, los sacerdotes de la verdad la exhiben sin pudor, sin darse cuenta que ella escapa al exhibicionismo, y exigen de sus adherentes enormes sacrificios, muchos de ellos insanos. La Verdad que es tímida por naturaleza se escapa de estos circos. Mientras estudiaba la Verdad con mi Maestras hace años, concluí que el camino a la Verdad requiere una reflexión y contemplación constante sobre nuestras decisiones y acciones. Contemplamos aquello que es verdadero, auténtico, coherente, en todo lo que hacemos y actuamos en consecuencia. Una vida verdadera esta compuesta de pensamientos y acciones auténticas. Puede que la Verdad exista solo en el camino, y como decía Machado, solo se hace camino al andar. Es por ello que el término con el que más me identifico se relaciona con la palabra sánscrita Satya सतय El significado filosófico de la palabra «Satya» deriva de la raíz सत, existencia pura o conciencia de Ser. La Verdad entendida así, tiene un reflejo contemporáneo en el movimiento creado por Mahatma Gandhi. Su movimiento, Satyagraha, significaba adherencia a la Verdad. Este movimiento tenía como principio organizativo una fidelidad absoluta a la verdad en un espíritu de No Violencia (Ahimsa), que es uno de los pilares de la Ética y Moral en el pensamiento Indio tradicional.

«Humildemente me esforzaré en amar, en decir la verdad, en ser honesto y puro, en no poseer nada que no me sea necesario, en ganarme el sueldo con el trabajo, en estar atento siempre a lo que como y bebo, en no tener nunca miedo, en respetar las creencias de los demás, en buscar siempre lo mejor para todos, en ser un hermano para todos mis hermanos.” – Mahatma Gandhi

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Desde el sánscrito, tambien cronológicamente, caminamos al Griego, donde la “verdad” es “ἀλήθεια” (aletheia): “lo que no está oculto”, “lo que se manifiesta claramente tal y como es en su ser”. Son muchos los filósofos Griegos que estudiaron y glosaron la Verdad. En Latín inicialmente, en lugar del sustantivo abstracto “veritas” se usaba el adjetivo “verus”, que designaba las palabras o las personas firmes, que podían ser puestas a prueba o sometidas a juicio. Es este concepto con el que seguramente estamos mas familiarizados en Occidente. En hebreo, el término “verdad” “emet” (אמת) no tiene el sentido de la cosa ya hecha, sino el de una acción que está por hacer. Por eso, en esta lengua “verdad” significa, ante todo, “confianza”. Verdadera es la acción fiable, la que es segura. El verbo raíz de esta palabra es “aman” (de donde viene nuestro “amén” “אָמַן“), que se traduce por “confirmar”, “apoyar”, “respaldar”, en el sentido de dar nuestra confianza a algo que está por hacerse. El idioma árabe añade un matiz afectivo a esta idea de verdad entendida como confianza. El verbo “sadaqa” (“صدق”) se traduce por “ser sincero”, “verídico”, “decir la verdad”, y es la raíz que da origen a la palabra “amigo” “sadyq” (“صديق”). Amigo es aquel a quien podemos decir la verdad y de quien podemos esperar la verdad, aquel en quien confiamos, a quien necesitamos para salir del error. La Verdad pues tiene múltiples matices y sin duda, su contemplación y estudio siempre trae luz a nuestras vidas. Termino con esta invocación védica, cuya antigüedad se remonta a varios siglos antes de nuestra era, difícil de precisar.

ऋतं वच्मि । सत्यं वच्मि ॥

Di solo aquello que sea beneficioso, Habla siempre de aquello que es verdadero

-Atharva Sirsha Ganesha

 

Leon F. Del Canto

León Fernando del Canto (Zamora, 1967) es un pensador internacionalista que ejerce como barrister (abogado) en Londres.