«Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla y un huerto claro donde madura el limonero; mi juventud, veinte años en tierra de Castilla; mi historia, algunos casos que recordar no quiero»

-Don Antonio Machado
Casa del PoetaPatio de Sevilla. Casa del Poeta.

Mi infancia no son recuerdos de un patio de Sevilla.

Recuerdos tengo muchos, Sevilla también en mi memoria y ciertamente huertos y limoneros. Andalucía, mucha Andalucía, y Tarifa y las aguas del Estrecho, y muchas otras aguas, y tierras y aires. Y gente, mucha gente. Caras bonitas, corazones buenos. Tantos y tanto. Recuerdos.

¿Algo de juventud también en tierras de Castilla?. Sí, claro, allí me nacieron.

Pero también recuerdos de Jerez, de Coruña, de Maharashtra en India y de las montañas Catskill en Nueva York. Momentos vividos en México, Southampton en Inglaterra y tantos lugares, y tantas gentes que formaron, forman y formarán parte de mi vida.

Recuerdos, sí, y vida, mucha vida.

Hay cosas y casos que recordar si quiero, y recuerdo. Otros no.

Sin haberlo pensado mucho, hoy Jueves Santo, día que precede la madrugá, amanezco en la Casa del Poeta, barrio de Santa Cruz, corazón de Sevilla y escribo sí, desde un patio de Sevilla. Y pienso a Don Antonio Machado, pero también a Bécquer y Al Mutamid, Sevillanos todos. Y los vivo como si en algún lugar todos existimos y compartiéramos pensamientos y tertulia. Un Club de poetas vivos.

Y ayer al entrar en la Casa del Poeta y tras preguntarme mi profesión respondo sin pensarlo, ¡Poeta!. Poeta no por que alguien me reconozca así, ademas de los que bien me quieren, ni poeta porque haya publicado poemas. Poeta porque cada vez concibo menos la vida sin poesía, poeta porque así me siento.

Recuerdos esta mañana en la Casa del Poeta, en un patio de Sevilla, donde madura el Limonero, y los geranios florecen, y el jazmín, y palmeras, y agua de una fuente que canta junto a los pájaros en esta mañana silenciosa y santa.

Patios, divinos patios. Patio de Sevilla.

«Con la tarde se cansaron los dos y tres colores del patio.

Esta noche, la luna, el claro círculo,

no domina su espacio.

Patio, cielo encauzado.

El patio es el declive

por el cual se derrama el cielo en la casa.

Serena,

la eternidad espera en la encrucijada de estrellas.

Grato es vivir en la amistad oscura

de un zaguán, de una parra y de un aljibe»

 – Jorge Luis Borges

Y es que los recuerdos me llegan, no los he solicitado, como los anuncios en lo mejor de la película. Aparecen como fotogramas, a veces con olores, con sonidos. Siempre encadenados al corazón, arrastrando sensaciones, sentimientos. Siempre dando una dimensión nueva al momento presente.

Recuerdos que como trocitos de una vida, como pequeños poemas, se han ido coleccionados en mis entrañas y que con vida casi propia me visitan cuando sueño, y si no estoy soñando, me hacen ensoñar despierto.

«Yo amo los mundos sutiles Ingrávidos y gentiles Como pompas de jabón.»

-Don Antonio Machado
Ay esos mundos sutiles.
Y hoy recuerdo ayer. Y es que ayer miraba a mi hija Ana, que acaba de cumplir 18 años, y durante varios segundos toda su vida se paseo delante de mis ojos, proyectada desde el alma. Despierto y ensoñando a la vez. Tantas imagenes y sensaciones. Todas tan bonitas. Vida y cuidados, crecimiento, respeto, madurez y amor, mucho amor.
De pronto volví en si, quiero decir en mi. Y allí estaba mirando a Ana.  

«Todo pasa y todo queda Pero lo nuestro es pasar Pasar haciendo caminos Caminos sobre la mar»

-Don Antonio Machado

Pasar haciendo camino. Le decía a Ana que hoy con 46 años me sigo haciendo las mismas preguntas que cuando tenía 18. Hay un cierto continuum en mis recuerdos, y no importa cuando o donde me piense, no recuerdo momento en mi vida en que no me preguntase por el proposito de lo que estaba viviendo o sintiendo. Ni un solo momento en que no estuviese experimentando mi corazón, mis interioridades. Y hoy sigo igual, como ayer. Los recuerdos sí, nos sostienen, nos otorgan descanso y nos devuelven significado para interpretar la existencia. Existencia que a veces por gris es difícil de encontrarle los matices, el color. Los recuerdos traen vida, colorean el momento presente. Ensoñando pensamos los recuerdos, pero es el momento presente, cada paso que damos, el camino que cada segundo transitamos, el que realmente da sentido a nuestras vidas, paso a paso, golpe a golpe. Benditas los recuerdos que nos dan color, pero gracias siempre a las preguntas que nos hacemos antes de cada paso, reflexión sobre el sentido de la vida; búsqueda de la Verdad, de nuestra Verdad, que es lo que trae el sentido mismo. Y antes, ahora y después, caminamos. Siempre caminamos.

«Caminante son tus huellas el camino y nada más Caminante, no hay camino se hace camino al andar

Al andar se hace camino Y al volver la vista atrás Se ve la senda que nunca Se ha de volver a pisar Caminante no hay camino sino estelas en la mar.»

-Don Antonio Machado

Leon F. Del Canto

León Fernando del Canto (Zamora, 1967) es un pensador internacionalista que ejerce como barrister (abogado) en Londres.